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Articles by Xochitl Dixon

Aflicción y gratitud

Después de la muerte de mi madre, una de sus compañeras que también tenía cáncer se me acercó y dijo llorando: «Tu mamá era tan buena conmigo. Lamento que ella muriera… en vez de morir yo».

Un reencuentro celestial

Cuando escribía el obituario de mi mamá, sentí que la palabra murió era muy extrema para la esperanza que tenía de nuestro prometido reencuentro en el cielo. Entonces, puse: «Fue recibida en los brazos de Jesús». Aun así, a veces me entristezco cuando miro fotos familiares más actuales donde ella no está. No obstante, hace poco descubrí a un artista que, utilizando fotos de los seres queridos, elabora retratos familiares que incluyen a aquellos que hemos perdido. Con sus pinceladas, este artista representa la promesa de Dios de un reencuentro celestial. Derramé lágrimas al pensar en ver a mi mamá sonriendo a mi lado otra vez.

Arraigados en amor

Llegué al centro de cuidados para personas con cáncer —donde me quedaría a cuidar a mi mamá— sintiéndome sola y con miedo, y a más de 1.200 kilómetros de mi familia. Pero antes de que pudiera siquiera tocar mi equipaje, Frank, un hombre con una sonrisa enorme, ofreció ayudarme. Para cuando llegamos al sexto piso, yo había planeado visitar a su esposa Lori, la cual lo cuidaba durante su tratamiento. Pronto, fuimos como familia, al descansar en Dios y unos con otros. Nos reíamos, nos desahogábamos y orábamos juntos. Aunque nos sentíamos desplazados, nuestra conexión con Dios y entre nosotros nos mantuvo arraigados en el amor.

Nómades radiantes

Bajo un cielo nocturno en la primavera de 2020, los surfistas cabalgaban las olas bioluminiscentes en la costa de San Diego. Este espectáculo de luces era provocado por organismos microscópicos llamados fitoplancton, nombre derivado de una palabra griega que significa «nómade». Durante el día, producen mareas rojas y captan la luz solar que se convierte en energía química. En la oscuridad, cuando se los perturba, producen una luz azul radiante.

El privilegio de la mayordomía

Durante unas vacaciones, mi esposo y yo caminábamos por la playa y notamos un espacio grande de arena rodeado de una cerca. Un joven explicó que trabajaba con un equipo de voluntarios para proteger los huevos en los nidos de las tortugas marinas. Cuando las crías salían de su nido, la presencia de los animales y de las personas amenazaba y disminuía su chance de sobrevivir. Dijo: «Por más que nos esforzamos mucho, los científicos estiman que una de cinco mil crías llega a la adultez». No obstante, estos números sombríos no desalentaban a aquel joven. Su pasión por servir desinteresadamente a esas crías profundizó mi deseo de respetar y proteger las tortugas marinas. Ahora, llevo un colgante con una tortuga marina para tener en mente mi responsabilidad de cuidar las criaturas que ha hecho Dios.

Los músculos de la fe

Durante una visita al zoológico, me detuve a descansar cerca de la guarida del perezoso. La criatura estaba colgada cabeza abajo. Parecía contenta así, completamente quieta. Suspiré. Debido a mis problemas de salud, me costaba quedarme quieta y anhelaba avanzar, hacer algo… Pero, mientras miraba el perezoso, observé cómo estiraba un brazo, tomaba una rama cercana y se detenía otra vez. Estar quieto requería de fuerza. Si quería contentarme con moverme despacio o quedarme quieta, necesitaba más que unos músculos fuertes. Para confiarle a Dios cada momento de mi vida, necesitaba un poder sobrenatural.

Comunión celestial

Cuando Eagle, el módulo lunar de Apolo 11, aterrizó en el Mar de la Tranquilidad de la luna en 1969, el astronauta Buzz Aldrin, que había recibido permiso para llevar pan y vino para tomar la Santa Cena, fue el primero en consumir alimentos en la luna, después de leer un pasaje de la Escritura. Más adelante, escribió: «En la gravedad de la luna, seis veces menor a la de la Tierra, el vino fue elevándose con lentitud y gracia por el costado de la copa». Mientras Aldrin disfrutaba de esta comunión celestial, sus acciones proclamaron su convicción en el sacrificio de Cristo en la cruz y la garantía de su segunda venida.

La provisión de Dios

Berni, de tres años, y su mamá iban a la iglesia todas las semanas para ayudar a descargar comestibles del camión del ministerio de comidas. Cuando el niño escuchó que su madre contaba que el camión se había averiado, dijo: «Uy, no. ¿Cómo repartirán la comida?». La madre le explicó que la iglesia tendría que juntar dinero para comprar un camión nuevo. Berni sonrió, y saliendo del cuarto, dijo: «Yo tengo dinero», y volvió con un recipiente de plástico lleno de monedas; poco más de 38 dólares. Aunque no tenía mucho, Dios combinó su ofrenda con las de otros para conseguir un nuevo camión frigorífico.

Arcoíris de esperanza

Durante unas vacaciones, otra batalla contra el dolor crónico me forzó a pasar los primeros días recuperándome en una habitación. Mi humor se volvió tan oscuro como el cielo. Cuando por fin me aventuré a salir para disfrutar de un paseo con mi esposo, las nubes grises bloqueaban bastante el paisaje, pero aun así, tomamos fotos de las ensombrecidas montañas y el borroso horizonte.

La esperanza atraviesa las tormentas

A principios de 2021, varios cazadores de tormentas grabaron videos y tomaron fotos de un arcoíris junto a un tornado en Texas. En un video, largos tallos de trigo se doblaban ante el poder del viento. Un arcoíris brillante atravesaba el cielo gris, en dirección al torbellino. En otro video, aparecían personas de pie junto al camino, observando que el símbolo de la esperanza se mantenía firme junto a la oscura nube con forma de embudo.